El dicho asegura que rectificar es de sabios. Obviamente estoy muy lejos de ser sabio, pero reconozco que es momento de darle un giro al nombre de este espacio, de rebautizarlo para aterrizarlo en lo que realmente contiene.
El otrora Don de Tinta reflejaba un sueño, una ilusión, una aspiración a ejercer un oficio de escritor, ese que es tan fácil de practicar pero tan complicado de desarrollar como se debe, con la puntualidad, profundidad y delicia que la gente, que los seguidores de las letras, se merecen.
El cambio de nombre no obedece a la claudicación de ese sueño, no, no se confundan, ese me acompañará siempre aunque nunca lo alcance. La modificación es simplemente para hacerlo más íntimo, para marcar un momento clave en la existencia de quien lo escribe.
A partir de este 17 de junio del 2010, El Don de Tinta se jubila y da paso a La Dolce Tinta. ¿Por qué ese nombre? Muy simple. Siempre he creído que por mis venas corre tinta, esa con la que usualmente trato de transmitir mis ideas, mis emociones e incluso mis temores. Gracias a esa tinta, que desde hace 14 años cumplidos justamente en el mes de junio, es que hay pan en mi mesa y que mis hijos tienen qué vestir.
Si la tinta es de buena o mala calidad, ese ya es otro asunto. Lo importante es que me debo a ella y mis mayores satisfacciones profesionales han venido justamente de lo que fluye de una pluma, de una impresora o de un ordenador en el espacio virtual.
Ese líquido que le da forma a las letras y que las acomoda para poder compartir anhelos, recuerdos y detalles del día a día, se mezcla desde hace una década con altos niveles de azúcar en los mismos conductos por donde fluye lo que me hace respirar y me brinda alimento, no solo para las entrañas, sino también para el espíritu, ese mismo que el día de hoy guarda momentos de luto por un páncreas declarado oficialmente muerto.
Es por esa razón que ahora las anécdotas, las opiniones, las frustraciones e incluso los momentos de humor, llevarán en su ADN alfabético una carga de azúcar que lo diferenciará del resto de las páginas que haya plasmado. A partir de hoy será como una huella indeleble que quedará impresa en las páginas de este espacio donde no sé si encontrarán cosas útiles para la vida, pero al menos sí un pretexto para reír, para cuestionar y en una de esas, hasta para reflexionar.
Para no empalagar más con las explicaciones, demos paso a la reinauguración de este espacio. Larga vida a La Dolce Tinta y un agradecimiento eterno al Don, que si bien no se me da como yo quisiera, tampoco me abandona. Salud.